Presentación

Muestra de Cine Palestino de Madrid
1-9 Diciembre 2015 / 8-15 Enero 2016

Por sexto año consecutivo, Cine Doré acoge la Muestra de Cine Palestino y sigue la filosofía que ha tenido desde el principio: no se trata de “hablar sobre” o “en nombre de”, tampoco nos consideramos en la posición de “dar voz”, la voz ya la tienen las cineastas, la muestra solo intenta generar el espacio para que esa voz se proyecte más. La Muestra se celebra entre el 1 y el 9 de diciembre de 2015, con segundos pases en enero, e incluye cinco largometrajes, dos mediometrajes y seis cortometrajes, todos ellos son estrenos en Madrid.

En esta edición se ensalza el trabajo de jóvenes y mujeres cineastas. Se puede pensar que tanto la idea de trauma como la lucha contra la ocupación han homogeneizado los discursos, pero se ve en las obras que, por el contrario, hay una multiplicidad de relatos y formatos, reflejo de la heterogeneidad de las comunidades palestinas dispersas por el mundo.

La Muestra se inaugura con Ave María y The Wanted 18. Del galardonado documental animado The Wanted 18 (Las 18 buscadas) dice su director: “Acostumbro a decir que simpatizar con una vaca es más fácil que simpatizar con la población palestina… Quizás ellas pueden decirnos mejor cómo se siente una viviendo bajo la ocupación” (Amer Shomali). Ave Maria, el cortometraje que lo precede, llega de la selección oficial de Cannes para hablar en clave de comedia sobre “la mutua desconfianza que existe entre dos grupos [unas monjas cristianas y unos colonos judíos], así como una eventual cooperación y las lecciones aprendidas de tal aventura, así con ello mostrar que es posible que las personas dejen a un lado sus diferencias por una meta común” Basil Khalil.

Tras pasar por la Seminci y ganar el premio del público en la sección “Punto de Encuentro”, la veterana documentalista Mai Masri, en su primera película de ficción 3000 Layla (3000 Noches), relata una historia de maternidad en la más extrema de las circunstancias. 3000 Noches convierte la prisión en una metáfora de la Palestina ocupada, explorando cómo se cruzan la resistencia, la empatía y la manipulación. “Por desgracia, la situación está empeorando: la apropiación israelí de suelo palestino y el levantamiento de asentamientos ilegales están al alza, y no contamos con un respaldo internacional serio: no nos queda otra opción que resistir esta ocupación con coraje y el convencimiento de que un día seremos libres” Mai Masri.

Se prima en esta programación una filmografía documental y experimental aunque sin dejar de lado esplendidas piezas de ficción por su particular enfoque y actitud crítica. Novedosos documentales como Roshmia, Sajil Ana araby (Escribe que soy árabe) y The Unbearable Presence of Asmahan (La insoportable presencia de Asmahan) se presentan junto con impactantes piezas de las artistas más jóvenes de la escena palestina de los últimos años. Un viaje desde un convento en la Cisjordania ocupada, al puesto de control 300 entre Belén y Jerusalén, pasamos por un campo de minas, una parada de autobús en Londres, el mar mediterráneo y llegamos hasta Noruega. El recorrido acompaña a una Palestina que malvive las consecuencias de una historia política y económica que les invade y consume dentro de un resignado modo de vida, y que osadamente honesto supura. El cine es una de esas supuraciones.

El cine palestino se enfrenta continuamente a los problemas de visibilidad e invisibilidad, de inteligibilidad e ininteligibidad, casi podríamos decir que negocia con su propia imposibilidad. Si recordamos una de las frases clave del sionismo de principios de siglo XX: “somos un pueblo sin tierra que se encamina a una tierra sin pueblo”, nos hacemos a la idea de lo que ha supuesto el artilugio de la ocupación de Palestina, de la necesidad de hacerla visible, del reconocimiento de su existencia y liberación. Para ello, para hacer visible esa historia, el cine se convierte en una articulación posible de la experiencia palestina.

Estos trabajos audiovisuales pretenden situarnos dentro de experiencias de ocupación y de exilio del pueblo palestino, y a través de tales vivencias comprender y empatizar y conseguir tocar algo de las culturas que moldean la Palestina contemporánea. La Muestra quiere provocar una reflexión sobre lo más profundo, lo más doloroso, lo más inexplicable, lo más absurdo y lo más creativo. Poder acceder a su intimidad es un privilegio que el cine nos concede, su heterogeneidad así como su especificidad sigue desvelándose; y el poder de sus imágenes vive sin fronteras ni límites.

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