Cine, culturas y ocupación

Por Noemí Artal

“¡Cineastas del mundo, uníos! Agitad imágenes (y palabras) para agitar la cosas. Enfadadles, perturbadles. Por compasión, abrid esa ventana por mi… y dejadme respirar”.  Abbas Kiarostami.

Es algo que añoro por eso imagino la cultura como sangre blanca que da vida, autonomía y crecimiento, y un pueblo como un árbol. Imagino que destruir culturas es destruir identidades. Imagino que para combatir la ocupación y los esquemas colonizadores, que sufre no sólo Palestina sino el resto del mundo, es esencial dejar que fluya la savia de los árboles, dejar que nos hablen, tenerles en escena y dar protagonismo a sus formas y lenguajes, los que sean. Es un desastre para la biodiversidad las emisiones de contaminantes ambientales y es un desastre para la diversidad cultural la emisión de toda la polución que lanzamos sobre otras culturas. Y lo que decimos sobre lo palestino está muy contaminado, seguimos contaminando.

El tema que nos ocupa es el cine y el propósito es indagar en cómo mantenemos la ocupación de Palestina a través de las obras culturales que por el mundo se crean y aquí se difunden. Por ello, lo que nos concierne ahora  es saber qué hacer para que la ocupación no nos envenene por todas partes.

No hay apenas estructuras e infraestructuras sostenibles que den visibilidad a las culturas y las artes palestinas, que se mantengan vivas. Existen estudios sobre tradición oral, literatura, cultura y política palestinas, pero pocos promotores e inversores culturales para mostrar los diferentes ángulos y enfoques de Palestina. No es una prioridad de la política pública española, la financiación es escasa luego no existen firmes colaboraciones para la permanencia de proyectos culturales palestinos. Asociaciones, ONG y centros culturales dedican esfuerzos a su acceso, sin embargo, aún hay un desconocimiento de obras creativas palestinas y una escasez, e incluso ausencia, de registros artísticos palestinos en museos, galerías o archivos fílmicos españoles y, por supuesto, una casi nula circulación de los mismos en el mercado. ¿Por qué es así? Por la ocupación, sí, y más que eso.

Las preguntas no se escapan del ambiente institucional que nos rodea que crea nuestros hábitos mentales, las normas capitalistas, las políticas oportunistas, las pautas ideológicas, los códigos interpretativos. Es este ambiente institucional el que condiciona que distintas manifestaciones culturales no sean libres en un espacio que tan determinantemente crea los modos de aceptación de las distintas culturas. Pensemos, ¿cuáles son los mecanismos sociales que reproducen la ocupación de la cultura palestina? ¿Qué tipos de representaciones palestinas producimos y difundimos hoy? ¿Qué implicaciones culturales y qué consecuencias políticas surgen a partir de estas representaciones? ¿Cómo los dominios institucionales, cómo las instituciones de los estados, de los mercados e incluso de la sociedad civil, se implican para reproducir estas visiones de Palestina? ¿Cómo nos identificamos con Palestina?

Si una tierra, un pueblo y sus expresiones artísticas están ocupados proponemos estudiar cómo lo están desde un punto de vista tanto económico como cultural, y dentro de estos dos campos de visión incluir la dimensión política. Desde un punto de vista económico conoceríamos entonces los modos de producción, los modos de distribución y los modos de exhibición de las artes palestinas para conseguir ver cómo el estado, el mercado y la sociedad civil contribuyen a desarrollar la cultura en las artes palestinas. Ejemplifico el caso a través de lo que vemos de lo palestino en nuestro país. En Madrid, la biblioteca del Museo del Reina Sofía dispone de no más de una veintena de registros sobre Palestina, de los cuales no más de los dedos de un pie son publicaciones sobre artistas palestinas. El centro público con mayor volumen de material al que podemos tener acceso es Casa Árabe, que dispone en su mediateca de un catálogo de poco más de 270 registros sobre Palestina con una amplia temática sobre política, literatura, música, cine, etc. De este material ¿cuánto es obra palestina? En el caso que ahora nos ocupa, la mediateca archiva poco más de un centenar de películas sobre Palestina, de las cuales apenas un 37% son películas realizadas por directores de origen palestino, el resto son visiones extranjeras sobre Palestina.

Nos metemos en el cine, elegimos butaca y leemos el programa. Se han producido más de setecientas películas palestinas[1] desde los orígenes de este arte pero en España una única película es calificada palestina por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) para su exhibición comercial en salas de cine: “El Cumpleaños de Laila” (2008). Aparte, encontramos en sus registros otras cuatro coproducciones de realizadores palestinos estrenadas comercialmente en España pero calificadas como coproducciones israelíes[2]: “Intervención divina” (2001), “Paradise Now” (2005), “La sal de este mar” (2009) y “Amreeka” (2009). Entre lo festivales españoles el ambiente algo mejora pues se ha promocionado la cinematografía palestina y en algún momento de sus trayectorias encontramos en la Mostra de Valencia, la Seminci de Valladolid o el Festival de Cine de San Sebastián entre otros, ciclos e incluso financiación a proyectos audiovisuales palestinos. Pocos, el acceso a estas películas en el circuito festival es limitado. Gracias Filmoteca Española también por acoger la Muestra de Cine Palestino de Madrid durante los últimos años.

Salgamos de nuestras fronteras naturales y comparemos las cifras sobre el desarrollo cultural que permitimos. Israel firma acuerdos en materia audiovisual con once países, a saber, Australia, Bélgica, Brasil, Canada, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Polonia, Suecia y Reino Unido. Los Territorios Ocupados Palestinos han firmado únicamente con Reino Unido e Irlanda, y con Francia el acuerdo está en proceso de negociación. Si nos fijamos en la situación de los últimos años (desde 2006), en los países del sur del Mediterráneo[3] hay 192 coproducciones, de las cuales 55 son israelíes (28,6%), y sólo 13 son coproducciones palestinas (6,8%). De las coproducciones palestinas, sólo dos películas se han estrenado en España en salas comerciales, siete películas han sido proyectadas en la Muestra de Cine Palestino de Madrid y las cinco películas restantes de momento no se han podido ver ni tienen distribución. Al comparar vemos que en torno al 85% de las coproducciones israelíes se han estrenado en al menos un país de la Unión Europea.

Sumemos ahora la perspectiva cultural de nuestro ambiente institucional, específicamente el interés de ver los modos de construcción de significado, las representaciones que nos llegan de Palestina así como los modos de recepción de las mismas. Para explicarlo utilicemos como ejemplo indicadores de la cinematografía del sur del Mediterráneo que pueden ser señales de la diversidad cultural que respiramos en este ambiente europeo. En la primea década de este siglo más seis millones de espectadores han visto películas israelíes en los países de la Unión Europea. Entre las diez coproducciones mediterráneas más populares, es decir, con mayor nivel de audiencia en los 27 países de la UE en el periodo 2001-2010, destacan cinco películas que tratan la temática palestina. Son las siguientes: “Vals con Bashir” (2008), con 1.011.608 espectadores, “Los limoneros” (2008), con 770.006 espectadores, “Paradise Now” (2005), con 416.335 espectadores, “Oh Jerusalén” (2006), con 367.370 espectadores e Intervención divina, (2002) con 443.314 espectadores.

Volvemos a preguntar: ¿Qué tipo de representaciones sobre Palestina ha producido y comercializado la industria del cine en Europa? “Vals con Bashir”, una película sionista que sigue tratando a Israel como víctima y no como agresor; “Los limoneros”, una película que ofrece pistas sobre el problema a través de una historia muy simple pero con un sutil simbolismo del conflicto que resulta confuso leer[4]; “Paradise Now”, la única con coproducción palestina con realizador palestino que ofrece la parte humana de una eterna imagen terrorista, sin ahondar en razones ni llegar a la historia de un porqué auténtico; “Oh Jerusalem”, que se remonta a los inicios del conflicto de una manera distante, flotante y sesgada, sin aportar apenas información reservando el derecho israelí a la ocupación de una tierra ajena; y por último, la más genuina de todas ellas, “Intervención divina”, del realizador palestino Elia Suleiman, que es la que cuenta con una mayor aprobación de la crítica palestina. Éstas son las representaciones sobre Palestina o sobre el mundo utilizando Palestina como escenario en las salas comerciales europeas en los últimos diez años.

¿Por qué no se han producido y distribuido más películas palestinas? ¿Por qué no tienen cabida otras narrativas? ¿Dónde encontrar estos trabajos, por qué no son accesibles? España, mediterránea, podría ser canalizador de gran cauce de bienes culturales, no sólo para llevar a su territorio sino para Europa y América Latina. Aún así, lo anterior es indicio de cómo en el día a día nuestro ambiente institucional nos deforma, nos impide identificarnos con los otros, extingue sus expresiones y coarta su derecho a existir.

Abramos el telón para ver Palestina. Adelante Palestina. Sólo tú puedes contar tu historia, nadie más puede enseñarnos tu visión, tu propia realidad. Sí, audiencia, ella puede utilizar el lenguaje de la sociedad de acogida si es exiliada e inmigrante, o de la sociedad ocupante israelí si vive en Cisjordania, Gaza o territorios del 48, pero sólo a través de ella podremos conocer su historia. Ésta es la riqueza que perdemos, perdemos su experiencia de resistencia que se encuentra en ocupación o en exilio, perdemos su manera de mostrar “su propio desierto y su lucha”. Reafirmar ese desierto y esa lucha nos deja ver la desnudez de su tierra y el sentido de su realidad, y eso nos deja apoyar su autonomía y desarrollo. Pero estamos cortando su savia. Puede que todo el quehacer palestino esté moribundo, apuñalado por la ocupación, pero el espíritu de Palestina vive, está en sus artes, en su cine; costará matarlo aunque siga encerrado o en cautividad. Algo que podemos hacer es dejar que fluya, dará hojas verdes y fruta, y aunque la herida verterá sangre blanca sobre la tierra, también dará fruto, lo imagino también blanco. Hay que verlo con los ojos abiertos y sentirlo, entenderlo no podremos, aún el absurdo de la ocupación supera los sueños del cine.

La autora es responsable de la organización de la Muestra de Cine Palestino de Madrid y Caracas así como el Centro de Documentación sobre Cine Palestino. La Muestra de Cine Palestino abre su tercera edición en Madrid el 23 de noviembre de 2012  (www.muestracinepalestino.com) en el cine Doré. El Centro de Documentación sobre Cine Palestino (www.cinepalestino.com) incluye recursos sobre cine palestino y películas palestinas (www.cinepalestino.com/videos-on-line/).


[1]  Se utiliza como criterio la autoría.

[2]  Sus directores palestinos tienen nacionalidad israelí o extranjera.
[3] Los países del sur del Mediterráneo incluyen a Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Israel, Territorios Ocupados Palestinos, Jordania, Siria y Líbano (Observatorio Audiovisual Europeo).
[4]  El director Eran Riklis es israelí, la guionista Suha Arraf y parte del reparto son palestinos del 48.

Para un palestino, el cine es su patria. Entrevista con Kamal Al-Jafari

Ubicada al sur de Tel Aviv, Jaffa supo ser, hasta la mitad del siglo pasado, la mayor ciudad árabe del Mandato británico palestino, con cien mil habitantes y una economía pujante por las bondades de su puerto, uno de los más antiguos del mundo. Hoy, después de seis décadas de conflictos armados con Israel, el panorama es distinto: Cuando terminó la guerra de 1948 quedaron entre 2 mil y 3 mil personas. En la literatura palestina, Jaffa se convirtió en un poderoso símbolo de la desposesión y el exilio, asegura el realizador palestino Kamal Aljafari, entrevistado vía mail por este diario. Su segunda película, Port of Memory que integra la muestra Filmar al otro: documental de creación francés que comienza hoy en la Sala Leopoldo Lugones (ver recuadro) aborda las vicisitudes cotidianas de una familia de Ajami, uno de los barrios más pobres de la ciudad: Mis películas son sobre la Jaffa de hoy. La nostalgia por la Jaffa del pasado está oculta, pero se siente.

Estrenada en el Festival Cinéma du réel del Centro Georges Pompidou de París, Port of Memory tiene su punto cero en el conflicto por una casa: de un lado, el poderoso Estado que afirma que la propiedad está ocupada ilegalmente desde hace más de cuarenta años. Del otro, Salim y Fatmeh (Salim y Fatmeh Bilbesi, tíos del director), supuestos ocupantes que afirman no ser tales: que la casa es de ellos y que tienen los papeles a su favor. Pero la documentación no está bajo el poder de la pareja, sino del de su impávido abogado, quien con una frialdad escandalosa asegura haberlos perdido. De allí en más Aljafari se dedica a mostrar la tensa cotidianidad de la espera. La inclusión de su familia enmarcada en un film, cuya temática lo toca de cerca nació en 1972 en Ramallah, implica una fuerte impronta de recuerdos y vivencias personales, tendencia que ya se vislumbraba en El techo (2006), su film anterior, donde retornaba a la casa de sus padres y abuelos. No tengo la intención de filmar mi autobiografía, pero por supuesto que hay elementos autobiográficos. Las películas son una búsqueda de lo que se parece a mi país perdido. El filósofo Theodor Adorno decía que para un hombre sin país, escribir se convierte en un lugar donde vivir. Yo diría que para un palestino el cine es un país, argumenta.

– Usted mezcla documental, ficción y memoria personal. ¿Cómo trabaja con los tres elementos? ¿Cómo logra equilibrarlos?

Realmente no pienso en el documental y la ficción como dos mundos separados, y desde luego que no dejo que esas definiciones controlen mi trabajo. Simplemente registro lo que hay en mi entorno más cercano, pero no soy un documentalista. No es fácil de definir la frontera entre lo real y lo irreal, entre lo que vemos e imaginamos. La vida está llena de elementos fantásticos y no veo por qué tenemos que establecer una frontera al momento de filmarlos. Esa mezcla se acerca más a la vida. El cine es una expresión personal, y si capturo algo con la cámara es porque me conmovió. El equilibrio lo da mi voz interior, la escucho y la sigo. Fallé cada vez que escuché a alguien más. Siempre hay mucha gente involucrada en un rodaje con opiniones diferentes, y siempre hay que volver a la voz interior para encontrar el camino.

– ¿Considera a Port of Memory un film político?

Una de las motivaciones principales para hacer esta película es el sentimiento de injusticia, la sensación de estar fuera de lugar e incluso fuera de un discurso cinematográfico. Todas las imágenes tienen una carga política, incluso en la forma precisa y cuidadosa con que el personaje principal conduce su coche, en cómo Fatmeh y su hermana hacen la cama, en la forma tan rítmica y musical de lavarse las manos. Como si ellos dijeran: Existimos, aún estamos vivos. Veo poesía en cada detalle de su vida cotidiana, en cada gesto. Lo que me motiva es el creer en una causa justa.

 – ¿Cree que el final es esperanzador?

No lo sé. Jaffa está cada día más distanciada de sus habitantes, se está aplicando una política similar a la que se hace en Jerusalén y otras ciudades. Aquí es aún más peligroso porque nadie mira ni cuenta las viviendas palestinas destruidas ni las que construyen los israelíes. Ahora puedo decir que hacer una película en Jaffa es una expresión de esperanza y recuperación del suelo porque mis personajes fueron arrancados dos veces: en la realidad y en el cine.

– Un crítico dijo que su película era una reflexión sobre lo absurdo de estar presente y ausente al mismo tiempo. ¿Está de acuerdo con esa definición?

Nací en mi patria, pero crecí como un inmigrante. Esta experiencia de desorientación marca todo mi trabajo creativo, incluso después de que abandoné el país. Cada vez que me encuentro con un palestino en cualquier rincón del mundo me presento como del interior. En árabe el min Dakhel tiene una resonancia especial para los oídos palestinos. Se refiere a los que no fueron expulsados de su patria cuando Israel nació en 1948 y, por lo tanto, no viven en la diáspora, como sí ocurre con la mayoría de sus familiares. Port of Memory puede leerse como una crónica de retorno tanto desde el presente hacia el pasado como del exterior al interior, y viceversa. Yo soy y no soy, yo estoy en mi patria y no estoy.

Publicado por: Kamal Aljafari, Pagina 12, 4 de marzo de 2011.
Fuente: http://kamalaljafari.com/pagina-12/

Entrevista a Susan Youseff, “Habibi”

por Channing Davidsson 

Susan Youssef, directora de Habibi en la entrega del premio a la Mejor Película árabe en el Festival Internacional de Cine de Dubái.

El primer largometraje de Susan Youssef, Habibi, ha recibido grandes elogios. Ha ganado el premio al Mejor Largometraje Árabe por su película en el Festival Internacional de Cine de Dubái y también figura en el ranking de las “25 New Faces to Watch” (las 25 caras nuevas para ver) de la revista Filmmaker Magazine. Habibi relata la historia de dos enamorados de la Franja de Gaza, Qays y Layla, que deben volver inesperadamente a casa desde la escuela situada en Cisjordania. Pero una vez allí, ya no son libres para pasar tiempo juntos o continuar su romance sin la aprobación del padre de Layla. Lo que surge a partir de aquí es una historia poética sobre el coraje, el amor, las fronteras sociales y culturales y la libertad que tiene una calidad shakesperiana. Basada en la parábola de los clásicos Sufi, la leyenda de Layla y Majnun, la película de Susan Youssef ofrece una visión de un mundo que rara vez, o tal vez nunca, se ha/ha sido retratado en la pantalla.

¿Qué fue lo que te inspiró para volver a contar la historia de Layla y Majnun?

La primera visita que hice a Gaza en 2002, cuando estuve filmando mi documental Forbidden to Wander (“Prohibido deambular”). Fue entonces cuando vi a unos niños que representaban el romance de Layla y Majnun. Cuenta la historia de Qays, que enloquece por su amor hacia Layla.

Allí, en un gimnasio de Khan Younis, fui testigo de lo que un adolescente llamado Qays tuvo que vadear a través de las arenas del desierto imaginario en busca de Layla. Gaza está situada sobre llanuras, superpoblada y bañada por el Mar Mediterráneo. Caballos y personas vestidos de gala vadean por el agua. Una cacofonía de las llamadas a la oración de las mezquitas resuena en el aire. En unas partes hay bosques de palmeras, en otras campamentos de refugiados con  pavimentos de tierra, y en la playa de Gaza hoteles y restaurantes, lo suficientemente lujosos como para impresionarme incluso a mí, una nativa de Nueva York.

En 2002, el ejército israelí destruyó los hogares de los campos y lanzaron bombardeos aéreos. El calor era agobiante. Pero incluso en este ambiente, en todas partes que he estado filmando, los niños se acercaban para saludarme. También fue en esta época cuando Mohammed, el director del teatro local, se unió a mí para ayudarme a filmar mi documental; cuidó de mí todo el tiempo sin dejar de respetar mi espacio como mujer. No le pagué, ni le ofrecí un sitio donde quedarse, ni siquiera le ofrecí comida. Fue algo inesperado, me enamoré de su bondad, de su heroico compromiso con el arte en una situación donde la mayoría de la gente está tratando de sobrevivir, es decir, me enamoré de Mohammed. El hecho de ver y experimentar la representación de Layla y Majnun que hicieron esos niños, y también de encontrar el amor en Gaza, me obligó en cierto modo volver a contar la leyenda sobre el escenario de lo que es hoy día Gaza.

Hubo dos ventajas a la hora de trabajar con la historia de Layla y Majnun. La primera de ellas fue que me dio una estructura que había funcionado durante siglos. La segunda fue que me encantó por completo la idea de un poeta que existió en el siglo VII, cuyo nombre fue utilizado durante siglos por otros escritores para crear sus propias poesías de amor. Hay teorías que sostienen que los poemas Layla y Majnun no fueron escritas por el poeta Qays ibn al-Mulawwah. Sentí que podía hacer alguna conexión con esa tradición y esconderme detrás de su poesía.

Ha viajado por todo el mundo con su película y la expuso ante muchos tipos de audiencia. ¿Cuáles han sido las respuestas a su obra?

Es un auténtico regalo ver que el público se toma un descanso de sus ocupaciones diarias para comprar una entrada al cine y pasar algún tiempo participando en el mundo que he creado con el reparto y el equipo de Habibi. Honestamente, es un privilegio, un lujo, una recompensa.

Recuerdo que al acabarse la película muchas mujeres y hombres de Gaza se me acercaron llenos de sentimientos, pidiéndome hacer más películas. Esta ha sido para mí la experiencia más profunda, tener realmente éxito en la creación de un mundo que para algunas personas es real.

Creo que los públicos que sacan el máximo partido a la película son aquellos que se entregan a la historia de amor. Conocí a jóvenes y personas mayores, de diferentes entornos o ámbitos —en las proyecciones de Busan, Reykjavik y Charlottesville— y nos hicimos amigos después de ver esta película. Se me acercaron después del turno de preguntas y respuestas, y pude ver un brillo en sus ojos. Pude sentir que los llevé a un lugar diferente y que, por alguna razón u otra, disfrutaron del viaje conmigo. También es una experiencia estupenda para sentir la universalidad del amor que llega a los corazones de los no palestinos a través de Habibi.

Creo que cada audiencia tiene su propia perspectiva sobre la película. Un pequeño grupo va a ver la película buscando identificarse con el horror de la ocupación. También hay un pequeño grupo de personas que son más críticos con la película debido a sus problemas extremos con Palestina. Muy a menudo ocurre que esas personas no han estado en Gaza y sin embargo son duros con la película. Tengo la suerte de saber que las opiniones que despierta Habibi nunca son indiferentes, y esto para mí significa que estoy provocando una respuesta a través de la película, por lo que la película llega con éxito a su audiencia.

¿Era su intención hacer una película con connotaciones políticas? ¿La ve como política, o simplemente es una representación de la vida en la Franja de Gaza?

Me encanta la idea de traer de nuevo esta poesía a la corriente principal. Así que ese es uno de los objetivos, compartir lo increíble que considero es mi patrimonio. Y creo en la esperanza de la conciencia colectiva de que habrá una mayor comprensión de la situación en Gaza, y que de alguna manera las cosas van a mejorar. Esta película es una parte de un todo. Si hablamos de los derechos civiles estadounidenses y de los movimientos para los derechos de los homosexuales, gran parte de su éxito tiene que ver con la conciencia colectiva que viene a través de los medios de comunicación, de la cultura.

Sus protagonistas Qays y Layla tienen una química increíble. ¿Cómo fue el casting?

Después de ver Paradise Now, supe que quería que Nashef Kais fuera Qays, el protagonista de Habibi. Le pedí al talentoso y generoso director de Paradise Now, Hany Abu-Assad que me lo presentara y Hany me puso en contacto con Kais mientras abogaba por Habibi. Entrevisté a Kais por teléfono, sin tan siquiera haberlo conocido. Kais insistió en querer conocer personalmente a Layla y fue él quien me envió la foto de Maisa Abd Elhadi por correo electrónico. Cuando vi la foto de Maisa, visualmente era exactamente lo que yo había imaginado para el personaje. Le pregunté a nuestra amable directora de casting Najwa Mubarki y me dijo que Maisa era un nuevo modelo de actriz que estaba apareciendo en otras películas como extra. Cuando le hice la prueba a Maisa, me di cuenta de que prácticamente no tenía ninguna formación pero estaba comprometida y eso fue lo que me convenció. Su prueba con Najwa fue tan bien que las contraté como madre e hija.

Así pues fue una experiencia monumental para mí, porque aprendí a trabajar con alguien como Kais que era rico en experiencia y formación y con alguien como Maisa que era muy natural pero completamente dedicada a dar lo mejor de sí. Quien también me ayudó en este proceso fue Yusef Abu Wardeh, que jugó el papel de padre de Maisa. Yusef es un actor veterano intuitivo y experto que ha aparecido en películas que se han proyectado en el Festival de Cannes, así como en el escenario de lugares como el Young Vic Theatre de Londres. Entre Yusef y Maisa hubo una compenetración como padre e hija de una forma sencilla y natural, tanto que cuando Yusef terminó sus días de rodaje lloré de gratitud. Yusef depositó su confianza en mí como directora y así lo percibí. Hubo una gran diferencia en la capacidad de confiar en mis instintos y tomar riesgos creativos con respecto a la realización de las escenas.

Algunas de las escenas más intensas de la película muestran a Qays deambulando por la ciudad, acariciando los muros que se interponen entre él y su amada Layla. La cámara parece moverse de manera diferente cuando lo enfoca a él y capta sus emociones a través de la cercanía intensa. ¿Lo que pinta Qays como graffitti sobre las paredes es la poesía? ¿Fue intencionado el enfoque que le da a estas escenas y que las hace diferentes al resto de la película?

No fue intencionado el dar a las escenas de la poesía una sensación diferente al resto de la película. Creo que es la poesía misma quien genera su propio cuerpo de sensaciones para el espectador de la película. Si vuelves a ver cómo Qays acaricia la pared o la cara de Layla verás que es exactamente lo mismo, en términos de su expresión.

Habibi fusiona la poesía y el graffiti para volver a contar la famosa parábola sufi Layla y Majnun. Existe un cuerpo de poesía que data del siglo VII, el cual se le atribuye a Qays ibn al-Mulawwah (también conocido como Layla y Majnun), quien originalmente se enamoró de Layla. Con el fin de llevar esta historia a la pantalla, he incorporado el arte del graffitti en la película, es por ello que Qays escribe la poesía en lugar de recitarla. La poesía penetra en la vida cotidiana de Layla y de su familia al leerla sobre los muros que rodean la ciudad. Un ejemplo de la poesía de Qays es: “Layla escapa de mí como alguien que quiere retener el agua en sus manos. Los huecos que hay entre sus dedos siempre serán su enemigo”.

¿Podrías hablar un poco acerca de las cuestiones de clase y género representados en Habibi?

He tomado prestado elementos del cine iraní. Mi enfoque en una protagonista femenina fuerte que realiza un viaje solitario, en una historia que mezcla la realidad con eventos que parecen sobrenaturales y una variación entre los planos generales y primeros planos refleja el Kandahar de Mohsen Makhmalbaf. Habibi está influenciada por la película Taste of Cherry de Abbas Kiarostami: experimenta el uso de escenas de ritmo más lento, se basa en imágenes en lugar de diálogo y presenta el carácter de Layla como un personaje a punto de sufrir un cambio necesario para sobrevivir. Entre las características de Habibi también se incluyen un marco simétrico, una banda sonora basada principalmente en el sonido diegético y una cinematografía natural que no distrae al espectador de la historia, son algunos de los elementos que proceden de la película The White Balloon de Jafar Panahi.

Los temas inherentes a la historia son los de clase y género. Qays se enfrenta al reto de preparar una propuesta de matrimonio ante la familia de Layla. Ella vive en la ciudad de Khan Younis, en el campamento de refugiados. Los habitantes de las ciudades pertenecen a una clase social más alta que los residentes del campamento. Qays debe proporcionar a la familia de Layla una dote, una casa donde vivir él y su novia y una boda. Al ser estudiante universitario del campamento Qays no tiene ninguna de estas cosas.

¿Qué significa “nuevo cine árabe” para ti?

Lo que hago es un trabajo honesto para el mundo en el que viven mis personajes y este trabajo llega al público a través de la humanidad universal que todos nosotros compartimos. Me di cuenta de que la calidad de mi trabajo ha aumentado de manera exponencial desde que dejé de marcar mi trabajo con la etiqueta “árabe”. Tengo más que una simple responsabilidad de hacer un buen trabajo  gracias al apoyo que encuentro en los demás, y lo que tengo que hacer es que el trabajo se adapte a las ideas de otros para la representación o incluso la curación. En el “Nuevo Cine Árabe”, los límites que me pongo son los relacionados con la narración basada en la verdad de los personajes que creo. Conozco a directores que han venido a mí para aprender sobre ello y en todas partes desde el cine afroamericano hasta el cine iraní hay modelos a seguir para mí. Por ejemplo, cuando se habla de una separación, se habla primero del arte de Asghar Farhadi, y después de los temas en cuestión. Busco, oro y sueño con llegar a ese nivel de excelencia en mi propio trabajo, sea árabe o no.

Traductora: Denisa- Karla Anusca
Publicado por: Channing Davisson, 23 de agosto de 2012
Fecha de publicación en castellano: 26 de septiembre de 2012
Fuente: Interview with Susan Youssef, “Habibi”, Channing Davidson, Film Society-Lincoln Center, 23 de agosto de 2012.
http://www.filmlinc.com/daily/entry/interview-with-susan-youssef-habibi

Los cineastas palestinos acogen las complejidades en la gran pantalla

Por Stephen Dalton

Una escena de la película End of September, escrita y dirigida por Sama Alshaibi y Ala’ Younis, 2010. Cortesía de LPFF

El cine palestino vuelve a Gran Bretaña la próxima semana para celebrar el último Festival de Cine Palestino de Londres,  […]

Dos de las proyecciones más prestigiosas del festival son Last Days in Jerusalem (“Últimos días en Jerusalén”), de Tawfik Abu Wael, un drama claustrofóbico sobre una pareja de Jerusalén oriental que hace balance de su inminente traslado a París, y Man Without a Cell Phone (“Hombre sin teléfono móvil”), de Sameh Zoabi, una comedia aparentemente alegre sobre las humillaciones cotidianas de los palestino-israelíes que viven al otro lado de la barrera. Aunque la película no sea abiertamente política, cada director insiste en que el contexto es claro para los espectadores palestinos. Ambas son historias sobre el exilio, la ocupación, los puestos de control, los muros fronterizos y las identidades divididas.

“En realidad, para mí, la película es muy política”, afirma Zoabi. “Para mí, en cierta manera es una película que llama al despertar, a una revolución. Sin embargo, se puede hacer de una manera humorística, universal. Mi película fue mostrada en Ramallah, en Cisjordania, y la gente se sorprendió de una forma positiva, puesto que no creía que a partir de una realidad tan dura se podía encontrar un sitio para el humor, pero todavía hay un mensaje que es muy positivo”.

Inactivo durante décadas después del establecimiento de Israel en 1948, el cine palestino ha comenzado finalmente a generar una voz fuerte en los últimos 20 años, gracias a las películas aclamadas mundialmente como la Divine Intervention (“Intervención divina”) de Elia Suleiman, premiada en 2002 y Paradise Now (“Paraíso ahora”) del controvertido cineasta Hany Abu Assad, candidata al Oscar en 2005 sobre los terroristas suicidas. Películas como éstas sólo son posibles gracias a la financiación y el apoyo de los países de fuera, ya que la propia Palestina aún no tiene escuelas de cine, ni estudios y prácticamente no tiene ninguna infraestructura para la industria del cine.

El Festival de Cine Palestino de Londres, junto con otros eventos similares celebrados en toda Europa y los Estados Unidos, contribuyó proporcionando una plataforma a esta joven nación cinemática. Irónicamente, el festival también significa que los londinenses tienen más acceso a las películas palestinas que la mayoría de los palestinos. No obstante, para Abu Wael, la falta de una industria nacional tiene su propia parte libertadora.

“Normalmente, los palestinos no ven películas palestinas, porque no tienen salas de cine y por la vida miserable que llevan”, reconoce el director. “No les importa el cine, es por ello que los cineastas palestinos hacen películas en nombre de los palestinos para el resto del mundo −esto resulta problemático, pero por otra parte les permite a los directores palestinos tener mucha libertad, porque no existe un mercado. La verdad es que a nadie le importa si tu película es exitosa o no. En general, las películas se financian con fondos públicos y no privados, por lo que un director palestino tiene una gran libertad a la hora de hacer lo que quiera. Esto, para mí, es lo bonito que tiene el cine palestino. Cada director tiene su propio estilo, su propia visión”.

Para más ironía, algunas de las películas palestinas más destacadas de las últimas dos décadas, incluyendo Man Without a Cell Phone y Last Days in Jerusalem, se han financiado en parte con dinero del gobierno israelí −lo que da pie a plantear el por qué un país tan sensible a la imagen está de acuerdo en financiar películas que efectivamente retratan a los israelíes como villanos racistas.

“Es muy simple”, afirma con una sonrisa el cineasta Zoabi. “¡Nadie del gobierno lee el guión! Afortunadamente, tienen un comité de cineastas y la mayoría de ellos son muy liberales e interesados en los diferentes discursos. Pero si mi película hubiese ido directamente al gobierno, estoy seguro de que no hubiese obtenido la financiación”.

Por supuesto, esta contrapartida creativa y financiera está plagada de problemas, abriendo todos los frentes para ser acusado de colaborar con el enemigo. En la proyección de Last Days in Jerusalem, poco antes de celebrarse el festival de Londres la semana pasada, algunos miembros del público desafiaron a Abu Wael por haberse centrado en los problemas internos que tienen los palestinos con los pasaportes israelíes e ignorado la lucha política de su pueblo. Al hablar después de la proyección, el director hizo caso omiso a estos cargos.

“Cada película es política”, asiente con la cabeza. “¿Acaso un cliché es política? Hasta ahora he hecho dos películas, me enfrenté al problema de la recaudación de fondos y venta de la película, ¿y qué es lo ha hecho el Estado  palestino al respecto? ¿Y por qué esta pregunta? Porque la gente espera algo, porque la gente sólo sabe de los palestinos a través de las noticias, los conocen de forma muy simplista. No digo que todos los palestinos deban hacer la misma película, pero para mí, no todos los directores palestinos deben ser combatientes, sino cineastas. Cuando Ken Loach intenta recaudar fondos para su película, nadie le pregunta qué hace el Gobierno británico al respecto.

Abu Wael reivindica la inspiración de los clásicos maestros europeos como Michelangelo Antonioni y Jean-Luc Godard, así como la inspiración de los maestros de la moderna Palestina, tales como Michel Khleifi y Rashid Masharawi, y argumenta a favor de un tipo de cine palestino más sofisticado que posea madurez emocional, un enfoque político matizado, capaz de ser autocrítico.

“Tal vez mi película no sea la típica película palestina”, afirma encogiéndose de hombros. “Pero nadie puede decirle a un cineasta palestino qué hacer y qué no hacer. Puede que ahora esté [usted] en la guerra, o en la lucha, ¿no es eso complejo? Para mí, no, yo me siento libre. Creo que el cineasta palestino debe hacer lo que él quiera, incluso si quiere criticar a su propia sociedad. Soy palestino. A pesar de la ocupación, tenemos una vida normal, como todas las demás personas en el mundo”.

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Traductora: Denisa- Karla Anusca
Fecha de publicación en castellano: 16 de julio de 2012
Fuente: Palestinian filmmakers embrace complexities for the big screen
Stephen Dalton, The National, 18 de abril de 2012.
http://www.thenational.ae/arts-culture/film/palestinian-filmmakers-embrace-complexities-for-the-big-screen#full

Crítica de cine: Palestinos en Israel honrados en el estreno de largometraje de comedia

Por Maureen Clare Murphy

Razi Shawahdeh y Bassem Loulou en Man Without a Cell Phone (Hombre sin teléfono móvil)

La persistencia poco reconocida de los palestinos que se aferran a su tierra, en las áreas de Palestina, y sobre la cual se declaró el Estado de Israel, se ve cariñosamente ensalzada en el primer largometraje de Sameh Zoabi, Man Without a Cell Phone.

Man Without a Cell Phone fue una de las películas seleccionadas para la undécima edición anual del Festival de Cine Palestino de Chicago […] También es una de las pocas y recientes películas palestinas que ahora mismo se me ocurren que al verla le hace a uno sentirse bien (me viene a la mente Amreeka, de Cherien Dabis).

El protagonista de la película de Zoabi es Jawdat (Razi Shawahdeh), un joven cuyos encantos con las mujeres van más allá de lo que es bueno para él. En el plano sentimental, Jawdat tuvo éxito a la hora de tener muchas novias (eran relaciones mantenidas por teléfono móvil, que a la larga salieron mal); en cambio, carece de ambición en todas las otras áreas de su vida. Tras suspender repetidamente el requisito del idioma hebreo para ingresar en una universidad israelí cercana, Jawdat está absorto en su teléfono móvil durante la comida familiar y se muestra desinteresado en ayudar a su padre a cuidar de su huerto de olivos, junto al cual el gobierno israelí instaló una antena enorme de telefonía móvil.

Lucha contra la antena

El padre de Jawdat, Salem (Bassem Loulou), declara la guerra a la antena, ya que cree que ésta es la que causa cáncer en la ciudad de Iksal y la que mata a las abejas de su vecino. La intensa lucha contra la torre es el eje y motor de la trama, y al hacerlo se convierte en un vehículo para mostrar el sistema racista de Israel, que pretende sacar a los ciudadanos palestinos de sus tierras.

La antena se convierte en un personaje en cuanto se instala una cámara de seguridad sobre ella. El público ve a Jawdat, a Salem y a su comunidad a través de los ojos de Israel como objetos de control —una amenaza a la seguridad existencial— cuando Zoabi, para seguir los movimientos de los personajes cambia de forma cómica las imágenes de la cámara a blanco y negro.

Mientras tanto, la adolescencia de Jawdat que aparentemente parece ser perpetua está relacionada con el sistema que, como dice en más de una ocasión durante la película, “no quiere educarle”.

Jawdat recupera su madurez cuando decide unirse a la resistencia de su padre en contra de la torre de telefonía móvil, y reunirse con Salem y otros ancianos de la ciudad alrededor de una mesa con el objetivo de redactar una petición para que retiren la antena. Jawdat toma la petición y la vigoriza con retórica nacionalista, poniéndola en el más amplio contexto de la represión de los palestinos en Israel.

El grupo recorre la ciudad (donde, según afirma Salem, “a nadie se le ha enseñado a luchar por sus derechos”) para recabar firmas y presentar con orgullo su petición al consejero de la ciudad —sólo para descubrir si [este consejero] sirve como guardián palestino al gobierno de Israel. Es un comentario poco halagador sobre el papel que desempeñan los ciudadanos palestinos que están de acuerdo con el sistema a expensas de los derechos de su comunidad. No obstante, lo que le dice Salem a Jawdat más adelante en la película (y con ello no voy a estropearle el final al lector): “Ellos han ganado la batalla, pero nosotros ganaremos la guerra” —esta simple pero al mismo tiempo conmovedora frase resume la experiencia de la población palestina que vive en Israel y que ha sido constantemente atacada desde que fue fundado el estado sionista en 1948, el cual sigue existiendo.

Tradición del absurdo

La película de Zoabi encaja en la tradición del absurdo del cine palestino —quizás ello se debe a que sólo a través del absurdo puede empezar a dar sentido a la injusticia monumental que sufre el pueblo palestino— pero lo hace a su manera. El primer largometraje de Zoabi no puede presumir de la misma maestría que las películas de Elia Suleiman, pero es mucho más amable con la generación palestina más antigua que reside en Israel, que las obras anteriores de Suleiman. Man Without a Cell Phone también muestra interpretaciones buenas y divertidas de actores desconocidos, en particular, la de Bassem Loulou como el padre cascarrabias.

Es mérito de Zoabi el haber encontrado una nueva manera de contar la historia de la colonización y opresión de Palestina, siendo Israel su opresor que no tener que golpear al espectador en la cabeza, y probablemente puede ser igual de apreciado por una audiencia de los palestinos en Haifa, como lo sería por una audiencia en Chicago [o en Madrid].

Esta dulce historia que presenta Zoabi es una buena contribución a la notable amplitud del cine palestino, lo que hace que valga la pena celebrar año tras año eventos como los festivales de cine palestino de Chicago y Houston [y Madrid].

Maureen Clare Murphy es redactora jefe de The Electronic Intifada.

Traductora: Denisa- Karla Anusca
Fecha de publicación en castellano: 30 de junio de 2012
Fuente: Film review: Palestinians in Israel honored in debut comedy, Maureen Clare Murphy, The Electronic Intifada, 10 de mayo de 2012
http://electronicintifada.net/content/film-review-palestinians-israel-honored-debut-comedy-feature/11271
Nota: Esta película ha sido seleccionada para la tercera edición de la Muestra de Cine Palestino de Madrid 2012.

Crítica de cine: Descubrir la verdad y el humor a través del documental Impunidad, de Edward Salem

By Jimmy Johnson

El documental Impunidad, de Edward Salem, se filmó poco después de que acabase la destructiva Operación Plomo Fundido.

El documental Impunidad, de Edward Salem, tiene un título muy enigmático. El término “impunidad” significa una exención de la pena o pérdida. La película termina con un texto sobre el informe Goldstone encargado por las Naciones Unidas y con la acción internacional que tuvo lugar en Gaza tras el ataque israelí – Operación Plomo Fundido – entre diciembre de 2008 y enero de 2009. Hasta ese momento no hay ninguna discusión importante sobre la rendición de cuentas. Otro aspecto desconcertante de la película es el menú del DVD, que parece presagiar una función propia del cine de terror japonés. Sin embargo, estas características desconcertantes la convierten en una película innovadora y sobresaliente. El documental de Salem no es convencional, en el sentido de que no ofrece ningún relato para que el público lo pueda seguir. La mejor manera de apreciar Impunidad es verlo como un analisis etnográfico profundo de los mecanismos de supervivencia de un pueblo en estado de sitio que sufre las consecuencias de la destrucción masiva de la Operación Plomo Fundido.

Salem visitó la Franja de Gaza un mes después del final de la Operación Plomo Fundido, viajó por todo el territorio filmando conversaciones con hombres y mujeres de todas las edades y se unió a ellos para diversas actividades diarias y excursiones nocturnas. Una de las primeras secuencias es un ejemplo de la investigación abierta que Salem lleva a cabo sobre la vida después del asalto israelí. Salem se encuentra con un grupo de niños, y uno de ellos está encantado de actuar frente a la cámara. El joven, con un semblante solemne, presenta distintos motivos para explicar su pobreza y termina diciendo: “Estamos totalmente arruinados, así que tenemos que comer como los burros”. Y mientras dice esto, él y sus amigos, primero entre risitas y luego a carcajadas, comen hierba para reforzar sus declaraciones.

El 80 por ciento de las familias de Gaza depende de la ayuda alimentaria de la ONU debido al bloqueo impuesto por Israel, que ha devastado la economía. Por este motivo, es muy probable que estos niños no tengan suficientes recursos alimenticios y económicos. El decorado de su parodia humorística son edificios destruidos, algunos parcialmente y otros totalmente. No obstante, este contexto de destrucción y de sufrimiento no hace que la rutina sea menos divertida, al contrario es muy divertida. La película incluye varios ejemplos de carcajadas fuera de lugar, de un humor macabro utilizado para dar sentido a una situación difícil, en palabras de Donna Goldstein.

Salem captura otros mecanismos para hacer frente, o no hacer frente, a estas situaciones, como el estoicismo de una joven a quien Salem sigue entre los escombros de un barrio destruido. La joven narra con total naturalidad la muerte y las lesiones inflingidas a varios miembros de su familia. Salem se encuentra con una familia que comparte su aflicción con doloroso detalle, con lamentos muy conmovedores, con agresividad desplazada y otros sentimientos. Y lo hace con unos pocos pasos en falso, entre los que destaca la afirmación dañina y totalmente innecesaria en la que declara que sería difícil traducir a un personaje sordo. Salem cuanta con un excelente elenco: aparte del niño con un don para la improvisación, entre los personajes incluye desde un refugiado de 100 años de edad tatuado, que alterna entre el fatalismo y el nihilismo, hasta combatientes armados del Frente Popular para la Liberación que representan la resistencia armada y su moral de combatientes contra la moral de los hombres.

El proceso de recuperación es largo y Salem capta la esencia de la lucha y la confusión, representada por la geografía deformada de la destrucción de la infraestructura física, que ahora incluye entradas sin sentido, pisos superiores a los que no se puede acceder, huecos de ascensor imprevistos y muros que se elevan desde el suelo sin motivo alguno, todos ellos entre los edificios que resistieron en pie. La fotografía de Salem captura estas imágenes de una forma que siempre resulta interesante y reveladora. El trabajo que realiza manualmente hace que las conversaciones se conviertan en algo personal y ofrece planos poco convencionales de los personajes, mostrando a menudo una fascinación por las bocas y cabezas y no por quienes hablan. A veces deja caer alguna broma en relacion con el conflicto. Encuentra situaciones de inesperada comedia, como aquella en que un activista norteamericano, al tratar de utilizar la palabra árabe para “palestinos”, se dirige al público “filisteo”. Participa en una fiesta animada. Interviene desde detrás de la cámara con un estilo directo para captar más detalles, puntos de vista y mucho más que eso, trabaja con un estilo original entrelazando imágenes contrastantes para llegar a las verdades ocultas en el espacio que las separa. Y en el paso constante de lo trágico a lo cómico y después a lo estoico y por doquier, Impunidad, título desconcertante donde los haya, se acerca mucho a la verdad.

Impunidad se presentará en la novena edición del Festival de Cine Palestino de Chicago, del 16 al 29 de abril del 2010. Haga clic aquí para obtener información actualizada de The Electronic Intifada.

Jimmy Johnson es un empleado de un supermercado en el sur de Michigan. Pueden contactar con él en Johnson.jimmy@ gmail.com.

Traductora: Denisa- Karla Anusca
Correctora:  Isabel Calderón
Fecha de publicación en castellano: 
enero de 2012
Fuente: Film review: Uncovering truth and humor in Edward Salem’s “Impunity”; Jimmy Johnson, The Electronic Intifada, 13 de abril de 2010

http://electronicintifada.net/content/film-review-uncovering-truth-and-humor-edward-salems-impunity/3580

Arte, teoría y acción: entrevista con Udi Aloni

Por Adri Nieuwhof

Adri Nieuwhof, The Electronic Intifadunirml boicot, a la retirada de capital y a las sanciones (BDS, por sus siglas en inglés) en un debate público sobre palestinos e israelíes celebrado en Berna, Suiza. Aloni declaró que los recientes arrestos de los respetados líderes palestinos Ameer Makhoul y Omar Said en Israel debían tener como respuesta más acciones de BDS con el objetivo de aumentar la presión para que Israel acabe con la ocupación, para establecer la igualdad de derechos en Israel y para respetar el derecho al regreso de los refugiados palestinos. El colaborador de The Electronic Intifada Adri Nieuwhof habló con Aloni sobre su trabajo y sus opiniones.

Adri Nieuwhof: Hábleles a los lectores de usted.

Udi Aloni: Soy realizador, escritor y activista. Pertenezco al consejo asesor de Voz Judía para la Paz en Estados Unidos. Doy clases de cine en el Teatro de la Libertad de Jenin (en la ocupada Cisjordania).

Soy ciudadano judío de Israel y de Estados Unidos, trabajo mucho con el hecho de ser judío y trato de darle una nueva definición. No estoy en absoluto orgulloso de ser israelí. Intento ser optimista en mis actos y no caer en la amargura. La amargura bloquearía nuestras acciones.

Mi ultima película trata sobre el Frente de Liberación de Jammu y Kashmir en la India. Ya no se me permite la entrada en India. Curiosamente, la India es uno de los mayores socios comerciantes de armas de Israel y utiliza las mismas tácticas contra la gente de Kashmir que Israel contra los palestinos.

En mi opinión el reto reside en cómo combinar arte, teoría y acción. A la gente la teoría le resulta paralizante. Los académicos han escrito complejos textos sobre la resistencia, pero dejan el debate en un contexto aislado. El arte “libre de ideología” sirve realmente como ideología hegemónica. El arte puede, aunque no tiene que, promover la acción.  Se trata de combinar las  tres, cada parte debería ser un medio para las otras y a la vez un objetivo en sí misma.

AN: ¿Puede dar un ejemplo sobre cómo combina arte, teoría y acción en su trabajo?

UA: Durante mi acción en las manifestaciones de Bilin (en la ocupada Cisjordania), mostré mi solidaridad con mi cuerpo, hombro con hombro con palestinos e israelíes contra los soldados. (En las manifestaciones había) personas homosexuales y personas religiosas. Es la apertura del binacionalismo. No hay demasiada teoría.

Mi último libro What does a Jew want (que Columbia University Press publicará la próxima primavera) es un ejemplo de cómo intento combinar arte, teoría y acción. El libro es una introducción al libro Freud and the non-European, de Edward Said. Utilizo el texto para comprender el contexto en el que trabajo. Para comprender mi sueño, el binacionalismo. El binacionalismo no tiene que ver con decisiones legales. En la segunda parte de mi libro lucho contra los judíos nacionales que permanecen, para demostrar que son parte de la ocupación, la tercera parte trata del arte y la última parte son diálogos con Slavoj Zizek, Alain Badiou y Judith Butler.

Otro de los lugares donde trato de combinar arte, teoría y acción es en el campo de refugiados de Jenin. Me aceptaron en Jenin porque me uní por completo al movimiento BDS. Como profesor de cine aporto mis habilidades para apoyar al Teatro de la Libertad. Estamos trabajando en Antigone. Para nosotros, la lucha para la liberación de los palestinos y la lucha por los derechos de las mujeres van de la mano. Una persona que lucha por la libertad lucha por todas las libertades. Así es como intento combinar arte, teoría y acción.

AN: ¿Puede comentar el apoyo de los judíos de Israel al BDS?

UA:  Existe un grupo que apoya el BDS y, aunque son mis amigos, no he participado en sus encuentros. Creo que algunas de las personas implicadas son realmente honradas. Participan en las protestas en Bilin, en Sheikh Jarrah, atienden a los refugiados sudaneses y salen en apoyo de los trabajadores de las fábricas. Están verdaderamente comprometidos, siempre en el lugar adecuado.

Yo me centro principalmente en el boicot académico y cultural. Cuando la autora canadiense Naomi Klein vino a Palestina dijo que se avergonzaba de haber tardado tanto en unirse al movimiento BDS.  Yo tuve también que pasar por un proceso para sobreponerme al conflicto que tenía dentro.

Recuerdo el momento exacto en el que me sumé al boicot académico y cultural. El 9 de enero de 2009 estaba haciendo footing por Tel Aviv y pasé por la casa museo del poeta israelí Hayyim Nahman Bialik. Era el día de la inauguración de la casa Bialik y en el exterior de la casa había mesas con vasos de champán, a la espera de que llegaran los invitados. Entre ellos figuraba el presidente Shimon Peres. Iba escuchando la radio y oí una noticia de un bombardeo en una escuela en Gaza y pensé: ¿Y al mismo tiempo Peres va a brindar por la inauguración de la casa Bialik? Bialik escribió el famoso poema In the City of Slaughter, que narra la angustia por la situación de los judíos en el tiempo de los pogromos en Rusia. Sentí una profunda indignación. En ese momento lo decidí: no se hable más. No se beberá champán con Peres, sospechoso de crímenes de guerra. Llegó el momento de aclarar las cosas: quién está de este lado y quién está del otro lado. En el otro lado están los embajadores de la ocupación. Llamé por teléfono a algunos amigos poetas y protestamos ruidosamente desde el otro lado de la calle [vídeo de la manifestación en YouTube].

AN: Los líderes palestinos en Israel Ameer Makhoul y Omar Said han sido arrestados. ¿Puede hablarnos sobre esto?

UA: Creo que, si la gente antes pensaba que no había razón para boicotear Israel, ahora sí la hay. En Israel empezaron las historias sobre Azmi Bishara (antiguo parlamentario expulsado al exilio). En aquel momento no conseguimos crear suficiente resistencia, Israel quiere destruir el liderazgo honesto y veraz. Persiguieron a dos verdaderos activistas por los derechos humanos. Es como arrestar al antiguo presidente sudafricano Nelson Mandela. ¿Cómo podría Elton John tocar en Israel mientras los activistas por los derechos humanos Ameer Makhoul y Omar Said están en la cárcel? Israel quiere destruir a los palestinos en Israel,  está gobernado por personas que quieren realizar una limpieza étnica. Parece como si esperaran el momento para expulsar a los palestinos. La comunidad internacional tiene que actuar ahora. Kafka escribió: “El Mesías aparecerá un día después de su llegada”, quizá esta vez deberíamos llegar a tiempo para luchar y apoyar la causa por la que luchan Ameer y Omar.

Adri Nieuwhof es consultor y defensor de los derechos humanos, con sede en Suiza.

Traductora: Isabel Calderón
Correctora: Laura González
Fecha de publicación en castellano:  Enero 2012
Fuente: Art, theory and action: Udi Aloni interview, Adri Nieuwhof, The Electronic Intifada, May 2010. http://electronicintifada.net/v2/article11277.sht